10 de mayo de 2010

Tierra Barbera


 
 
Tierra negra en los dedos cuando te veo partir.
Es música amarga en tu coraza.

Tierra pelota.
Se deshace sin prisa en nuestras manos.

Tierra-morada que cuida tu quietud.
En la cocina el café con leche, las medialunas.
 
Tierra cine
Aunque fuera un largometraje
se siente como un corto.

Tierra calesita
a caballo espero atrapar el otoño.





Un pequeño homenaje a mi Tío Roberto Barbera.
(y a la mamá de un amigo)

7 de marzo de 2010

Les escribo desde Londres


29 de julio de 2009

Queridos amigos:

Acabo de llegar a Londres. Estamos en el barrio de Chelsea. Queda cerca de un estadio de futbol, creo. Es un barrio residencial de lo más precioso. Es que los hoteles del tour son re top. Nada que ver con los hoteles a donde yo puedo ir....Decentes los otros, pero nada de lujos.
La mañana de hoy comenzó bien temprano. Salimos de París hacia el puerto de Calais. Cruzamos la aduana. Advertencias: no se puede sacar fotos, y es mejor poner cara de buena gente para cruzar la frontera. Así y todo mi pasaporte es mágico. Es una bendición formar parte de la Unión Europea. Aunque el Reino Unido no está dentro de la Unión tiene ciertas ventajas serlo. Fui una de las primeras y después a esperar a los demás. Por suerte pasamos todos sin problemas. Los 44.
Después estuvimos un rato largo esperando para subir al ferry.
El viaje duró unos 70 minutos que se pasaron navegando entre el free shop y disfrutar del sol en la cubierta. Algunas fotos con todos los pelos al viento…
Y cruzamos el canal de la Mancha… y llegamos a Dover… y luego fuimos a Canterbury... un pueblecito con una bella catedral muy antigua....allá íbamos detrás del paraguas inmenso de María. Canterbury me suena por los cuentos… pero confieso que no leí ninguno.
Hubo tiempo para dar una vuelta. Comprar un helado. Visitar la iglesia.
Otra vez al bus... al hotel de Londres. A la mañana la visita por la ciudad y si no llueve el cambio de guardia. Y luego el tour ofrece una visita opcional al Castillo de Windsor. De todas las excursiones opcionales ésta merece la pena (a mi entender). Si hay algo que aprendí en el viaje a Italia es a no atolondrarse y comprar todas las excursiones de ante mano. Ya que la mayoría de las veces me arreglo mejor por mi cuenta: caminando y conociendo lo que en verdad deseo, que lo que organizan otros por mí.

Hasta la próxima

30 de julio de 2009

Con algunos de mis compañeros del tour (los de habla hispana: argentinos, mexicanos) arreglamos para ir por la mañana a las tiendas Harrod´s. Como no tenía nada demasiado armado para Londres me ¨ colé ¨ con mis compas. A las 9 de la mañana era la cita en el lobby. Partimos hacia las tiendas. En el camino pregunté en una peluquería Tony & Guy por un video de cortes de pelo (que me había encargado mi peluquero en Buenos Aires). No se vendían ahí, sólo en las academias, que quedaban por calles que no pensaba encontrar. Seguí camino y entre medio presenciamos la evacuación de un hotel que se estaba incendiando. Bomberos ingleses y mucha gente del otro lado de la calle. Cruzamos y seguimos andando.
Cuando llegamos a las tiendas con los toldos verdes tuve un leve recuerdo de las tiendas de Buenos Aires, a las que alguna vez me parece haber ido con mi amiga Aldana y su familia.
No me atraen estos lugares en lo más mínimo y después de una hora adentro (el tiempo se evapora) decidí partir con Edgardo y Jacqueline. Nos tomamos el Underground, el metro y llegamos al Big Ben. Intentamos sacarnos fotos pero siempre había algo entre medio: un brazo, otras personas, autos. Yo quería entrar a Westminster Abbey pero no mis nuevos compañeros. Ellos dijeron ¨andá tranquila que te esperamos¨. La abadía es inmensa adentro pero la recorrí bastante rápido sin saber del todo quienes moraban dentro. Sabía de los reyes pero también otras personas como escritores (que para variar ahora no recuerdo sus nombres). Me pareció escuchar que afuera llovía y cuando salí Edgardo me mostró el paraguas deshecho y me contó cómo en esos veinte minutos se había desatado una gran tormenta.
Caminamos un poco más juntos sin saber muy bien para donde ir. Yo quería ir al Tate Modern Art Museum que quedaba bordeando el Támesis. Ahí nos separamos. Caminé por el borde del río mientras observaba cómo la gente hacía fila para subirse al Golden Eye, o qué ingeniosas estatuas en movimiento había. Lo que más me llamó la atención fue mirar hacia la playa y descubrir un sillón de arena donde se sentaba un guitarrita y un ¨big thanks ¨indicando donde arrojar las monedas. O también un banco de madera con una placa que decía ¨todos necesitamos un lugar dónde pensar¨. Finalmente llegué al museo y me encantó. Encontrar pinturas de Joan Miró, Jackson Pollock, Henri Michaux, Pablo Picasso, y otros fue increíble. Cuando salí del museo me subí al metro y fui hasta Picadilly Circus donde está otro museo; National Gallery. En Londres todos los museos (que se consideran educativos) son gratis. Faltaba poco para cerrar y cómo no tenía demasiado tiempo fui especialmente a buscar los girasoles de Van Gogh. Y los encontré…

Londres fue una ciudad que me impactó. Al principio no parecía encontrarle el atractivo. Es que París me había deslumbrado tanto y parecía que nada podía ser igual. Me llevó un tiempo procesar el impacto, sentir que a pesar de las diferencias arquitectónicas y estéticas, Londres tenía mucho para degustar.

Teruel y los amigos




La primera vez que estuve en Teruel (España) fue hace dos años pero no pude recorrer la ciudad como lo hice este año. La estancia fue breve pero esta vez me comprometí a conocer cada uno de sus rincones.
Y cómo no dejarse tentar por la ¨ Ciudad de los Amantes¨. Cuenta la leyenda que como tal tiene un poco de verdad y un poco de fábula, que los amantes se habían conocido de muy jóvenes en el siglo XIII El (Juan Diego de Marcilla) era pobre y ella (Isabel de Segura) la hija de un importante comerciante. El prometió volver con fortuna al cabo de cinco años para poder merecer su mano. Ella prometió esperarlo. Pasado el plazo y al no ver que él regresara ella aceptó casarse con un pretendiente. Dicen que en la noche de bodas, él que había regresado, se acercó hasta el lecho nupcial y le pidió a ella que lo besara pues de lo contrario se moriría. Ella no quiso. Y dicen que él murió en ese instante.
Al día siguiente en el entierro apareció una mujer vestida de negro que se acercó hasta él y lo besó en los labios. Dicen que ella, como él, murió en ese instante.
En el Mausoleo de los Amantes se encuentran sus criptas con los cuerpos momificados. Dicen también que no hay restos de venenos y entonces la leyenda de los amantes cobra más fuerza cuando se trata de morir de amor. El símbolo de los amantes son las dos manos que se acercan pero no pueden tocarse jamás. Con la entrada al mausoleo se pueden visitar también la iglesia de San Pedro, la torre (construida en el siglo XIII) y el claustro (que pertenece al grupo de los cuatro claustros mudéjar que se conservan en Aragón).
Entre las delicias de Teruel son famosos los ¨suspiros y los sueños de amante¨ y la trenza mudéjar. Es que el arte mudéjar prevalece en la arquitectura del casco histórico. Son muy hermosas las torres de San Martín y de Salvador. Otra leyenda cuenta que los arquitectos que las construyeron intentaron que la suya fuera la más hermosa para conquistar la mano de una bella doncella. Aunque las torres fueron construidas en distintas fechas es más bonito creer en las leyendas de Teruel.
La ciudad tiene una parte moderna que se abre paso a través del viaducto y se la conoce como el Ensanche. Las construcciones son más actuales y el terreno más plano. Es que Teruel es una ciudad de cuestas y pendientes, de calles angostas como muchas ciudades de Europa.
En el centro hay algunos edificios construidos por un discípulo de Gaudí, Pablo Monguío. Antes de partir de Teruel es necesario visitar al Torico que reposa en una columna de la plaza principal. Un pequeño toro al que cada año lo visten de moño.
Pero lo que más me une a Teruel son mis amigos y su reciente paternidad. Ese es el mejor regalo que me llevo: conocer a la pequeña Martina de tan solo dos meses


Texto enviado al viaje del lector del diario clarin. Publicado el domingo 11 de marzo de 2012 (con edición menos poética)

6 de febrero de 2010

La place de la emoción



Es mi tercer día en París. Día libre. Tengo tanto por ver que no sé por dónde empezar.
Lo primero ahora es el Arco de Triunfo. En el hotel doy algunas vueltas. Me pongo el vestido violeta que tanto me gusta y unas zapatillas cómodas pero en cuanto bajo a la puerta del hotel y comienzo a caminar la primera cuadra siento un poco de frío. Miro el cielo y está bastante nublado. Doy media vuelta hacia el hotel. Cruzo el lobby hasta el ascensor. Camino por el pasillo y en la habitación vuelvo a cambiarme. Ahora elijo un jean, una remera y un saquito liviano. En la mochila hay espacio para guardar el saco por si después hace calor.
Cuando llego al Arco le pido a una chica me saque una foto. No sé por dónde se cruza la calle y pienso que debe ser en la otra esquina, y así doy toda la vuelta al monumento. Vuelvo al punto de partida y cruzo por debajo. Justo cuando estoy decidiendo si vale la pena subir o no, se larga a llover. Vuelvo a cruzar hacia el otro lado y mientras estoy mirando hacia donde ir escucho una voz familiar. Primero alguien que habla en castellano y después el tono inconfundible de Mario Pergolini. Está con su familia y como no soy nada cholula, ni siquiera me acerco.
Llueve fuerte y como ¨Olivia¨ prefiero ir al museo. En París hay muchos museos pero el más importante es el Louvre y hacia allá voy. Entro por la pirámide de cristal hacia abajo. Ticket en mano no sé para dónde ir primero. Este museo es demasiado grande. Dejo la mochila en el guardarropa y me quedo sólo con lo más importante: la cámara de fotos, los euros, el pasaporte y el celular que me prestó mi cuñada. El suyo tenía alcance en Europa. Aunque en París me costó un tiempo encontrar dónde enchufarlo, ya que los enchufes no calzaban. Pero como el que busca encuentra lo hallé en el secador de pelo del baño que tenía unos agujeritos de 220 w para la afeitadora.
En el museo tengo un mapa y qué necesario es, porque es más que un laberinto. Comienzo a caminar y todo el trayecto me lleva a la Gioconda. Antes encuentro objetos milenarios: utensilios de los primeros o segundos habitantes de este mundo, escudos, armaduras, relojes, porcelana. Llego hasta los aposentos de Napoleón. Los salones inmensos donde almorzaban, cenaban. Todo es increíble. Camino y miro y así estoy por gran parte del museo, o quizá no tanto. Es imposible abarcarlo todo. Cuando al fin llego a la obra de Da Vinci hay una muralla humana con sus cámaras de fotos. Zigzageo entre la gente y llego lo más adelante que puedo y tomo dos fotos. Salen más o menos, pero me quedo conforme. Camino un poco más ya casi sin rumbo. Cuando tomo la decisión de salir, son casi las tres de la tarde, me toma bastante tiempo encontrar la salida. Paso por el subsuelo donde se encuentra el antiguo Egipto. Es hermoso e interesante pero ya estoy muy cansada de ver y me duele la cabeza que miro todo muy por encima. Y realmente me costó encontrar la salida. Una vez afuera busco algo para almorzar. Me compro una promo: una porción de tarta, una gaseosa y un cuadrado de chocolate por unos pocos euros.
Vuelvo a los jardines del museo. Ahora salió el sol. Me sorprende encontrar tanta belleza al alcance de mis manos. Hay unas sillas verdes por todo el predio. Entonces busco un lugar bajo la arboleda y me siento a almorzar. Y casualmente llega un hombre de traje y portafolio y se sienta a unos pasos. Después de almorzar me cambio de lugar porque se corrió la sombra y el hombre se levanta y se acerca a hablarme. Unas palabras en francés y mi aclaración de qué yo no lo hablo. Pero él si sabe inglés así que conversamos. Está decidido a convencerme de algo y dice que las ¨argentinas son muy amigables¨. Pero se vuelve un poco insistente y pesado con ese discurso y rápidamente entiendo a dónde quiere llegar. Le digo hasta luego y se va caminando.
Me levanto y camino hacia la Place de la Concorde. Otra vez los veo a Pergolini y familia decidiendo a dónde ir. Me sonrío y sigo de largo. Miro el mapa y descubro que a la izquierda está la iglesia de la Madelaine. Mis padres y mi cuñada me hablaron de ella y sé que es otro lugar para conocer. Cuando llego leo un cartel en la puerta sobre conciertos de verano pero no imagino que al cruzar el umbral voy a escucharlo en vivo. Es un coro. Están vestidos con ropa tradicional y me parece que no cantan en francés. No sé por qué pienso que son albaneses o de por ahí. Me siento en un banco y me relajo a escuchar. No puedo creer en mi suerte. Tengo piel de gallina y algunas lágrimas viajando conmigo. Disfruto el tiempo que dura el canto, aunque ya está por acabar. La decoración de la iglesia es bastante moderna, por decirlo de alguna manera. Parece que se exhibe una muestra de arte. Objetos compuestos por botellas de plástico componen una extraña mezcla. Salgo de la iglesia y camino por las calles y vuelta por aquí y por allá llego a las Galerías Lafayette. Entro y como hay liquidaciones es un mundo de gente. Rápidamente busco la salida.
Tomo el metro y camino y pregunto y llego a Notre Dame. En las callecitas entro a los negocios de souvenirs y miro los recuerdos que quizá pueda comprar para Buenos Aires. Hoy es día de emociones y al entrar a la iglesia gótica y no más levantar la vista hacia los vitrales la piel vuelve a cargarse de sentido. Agradezco enormemente estar donde estoy, paseando y teniendo esta oportunidad de vivir los monumentos de los libros en persona. Es hora de misa y me siento dentro de alguna película de misterio. Trato de filmar y sacar fotos pero la única imagen es la que se guarda en la vivencia.
Es mi último día en París de esta parte del tour, después al finalizar tengo dos noches más. Pero no quiero dejar nada para último momento. Como estoy cerca de los jardines de Luxemburgo tomo el metro y camino bastante hasta encontrarlos. Y otra vez me envuelve esa sensación increíble de cuidado hacia los palacios heredados. Los parisinos salen a hacer deporte por estos lugares mágicos. Para ellos son de todos los días y quizá no les parezca nada extraño disfrutarlos. Lo cotidiano se vuelve natural y por eso pierde el halo de inalcanzable.

4 de febrero de 2010

cómo dejar comentarios...

Dado que algunos lectores me comentaron lo complicado de subir un mensaje les cuento cómo se puede hacer....
Después de la lectura y si tenes unas ganas tremendas de contarme qué te pareció, qué sentiste o si querés hacer alguna sugerencia...
clickeas donde dice Comentarios
podes ser usuario de google e ingresas con tu mail
o elegir alguna de estas tres opciones:
1) open id (que no sé qué es)
2)Nombre/URL (la seleccionas siempre y cuando quieras decirme quién sos)
3) Anónimo (también vale esta)
A mí me parece que cualquiera de las dos opciones 2 y 3 son de las más fáciles para la publicación de comentarios. No tendría que ir mal... y si no es que bueno, todavía no sé bien cómo se usan estas cosas... Seguiré investigando.
abrazos a todos
Gaby

1 de febrero de 2010

Montmartre y las propuestas




Cuando bajamos al pie de la colina de Montmartre nos ponemos de acuerdo para reencontrarnos con la guía luego de la visita de tiempo libre. Previamente pasamos, siempre arriba del bus, por el Moulin Rouge. Ni tiempo tuve para sacar aunque sea la foto de rutina. Algunos compañeros del grupo contrataron la cena en el Molino. Por 105 monedas yo no lo hice.
La zona roja no es muy bella para andar de noche sola. Así que intento no perderme. De todas maneras subimos todos en grupo por la explanada. La guía nos cuenta que una abuela subió de lo más pancha. Dice que es más rápido así, ya que las filas en el funicular son demasiado largas. Una vez arriba nos aconsejan mirar y resguardar nuestras pertenencias, ya que hay muchos carteristas de los más ¨oportunos.¨ Hacemos una pequeña recorrida con el grupo y después cada uno sigue por su cuenta. Nos recomienda comer crepes. Yo estoy con los brasileros otra vez. En Versailles los había perdido y luego no llegaron al bus a tiempo por lo que tuvieron que volver en Metro. Ellos me cuidan y me invitan a comer en un restó pero yo no quiero sentarme a comer cuando es momento de conocer. Entonces les digo ¨hasta luego¨ y me voy al Sacré Coeur. Me encanta. Camino por las callecitas y en una esquina me detengo a escribir un mensaje de texto a Buenos Aires. Mientras que lo escribo escucho que un hombre me dice: C´est fantastique. Levanto la cabeza y ahí lo tengo. Intento conversar pero yo no sé francés y él no habla ni español, ni inglés. Creo que me pregunta si soy italiana pero yo le entiendo si hablo italiano. Y le digo que si. Pero creo que él tampoco sabe hablarlo. Me pregunta si estoy casada. Y le digo que no. Y ahí no más suelta su propuesta: se quiere casar conmigo en ese momento. ¡¡Ja!! Me halaga pero no puedo casarme ahora. Así que nos despedimos. En el ¨ Sagrado Corazón¨ hay un clima muy lindo. Música en las escaleras. Un hombre toca la guitarra con un amplificador y mucha gente joven dando vueltas. Al pie de la basílica, un duo de guitarra y violonchelo. Me siento por ahí cerca e intento continuar con el mensaje de texto. Y mientras escribo pasan unos chicos y uno de ellos, el más alto, se acerca y me pregunta algo en francés y le digo que no sé hablar. Entonces se acerca aún más y me pregunta en inglés de dónde soy y le cuento que vengo de Argentina y me cuenta que él es de Brasil. Se sienta y conversamos un poco. Le extraña verme sola, que viaje sola. Me saluda y me tira buenas ondas. Entonces luego de terminar de escribir el mensaje es hora de bajar y reencontrarme con el resto del grupo. Cuando bajo por las escaleras, ya que la parte de la explanada está cerrada, me topo con un africano que quiere venderme una pulserita. Estoy de tan buen humor y tengo ganas de la pulserita que me quedo. Entonces me dice que si no me gusta que no la compre pero es obvio que después la compraré. Me dice que pida un deseo y luego la ata en mi mano derecha. Es simpático y me cuenta que estudia en la universidad en Sudáfrica y que viene a trabajar en el verano a París. O eso es lo que deduzco. Pactamos un precio. Me pide que recuerde su nombre. Mems.



31 de enero de 2010

Yo no vine a dormir a París II






El plan para el domingo comienza con el city tour. Aquí la primera desilución del día. Todo es arriba del bus. Vamos a pasar por la torre Eiffel pero sólo unos minutos para tomar unas fotografías. Ayer hubiera podido pasar tranquila por la Torre y pensar que ahora son sólo unos minutos me desespera muchísimo. Pero algo voy a inventar. No me voy a quedar sin conocer la torre. Claro que no.
Al Palacio de Versailles llegamos con el tiempo justo. Es que Paris está toda colapsada por el ciclismo y el tour de france. Ya me había dicho algo Alberto cuando estuve en Vitoria pero no pensé que iba a interferir en mi día. La guía que nos toca en la parte de Paris es una lela. No explica bien cómo va a ser el día y realmente no aclara ni contiene. Además que en la torre Eiffel se perdió uno de los pasajeros y esperaron 20 minutos y lo dejaron a su suerte. Yo pienso que no quiero que me dejen varada en ningún lugar. Me quedo con los brasileros que conocí en el aeropuerto. Cuando terminamos de hacer la fila y estamos por entrar nos dicen que ESA no es la fila, que hay que sacar primero el ticket así que vuelta otra vez a la nueva fila que es más larga que la anterior. Por suerte hay algunos compañeros del tour y nos quedamos con ellos. Cuando llegamos compramos y tenemos una hora de tiempo para recorrer todo el palacio. ¿Una hora? Yo que tonta debería haberme quedado más tiempo y volverme sola sin el tour porque valía más la pena estar ahí. Alcanzo a ver todo el palacio. No me queda tiempo para los jardines y corro al bus después de hacer fila también para usar el toilette. ¿Y adónde vamos ahora? Bueno pues al hotel a descansar que a las 7 pm nos pasan a buscar para ir a Montmartre. Llegamos al hotel alrededor de las 16 hs y miro el reloj y pienso en la torre y en qué no voy a perder el tiempo en el hotel mirando tele o durmiendo. Yo no vine a dormir a Europa. Agarro el mapa nuevamente y salgo a tomar el metro hacia los campos Eliseos. Cuando llego y subo por las escaleras: aparece un mundo del deporte en bicicleta… Me acerco a un guardia y le pregunto (sin mirar) si la torre es para allá o para allá… en mi precario y olvidado primer año de francés. El guardia se ríe y me indica para donde. Y en cuanto mueve la cabeza… la veo imponente hacia la derecha. Y hacia allá voy. Feliz. Camino. Canto por un boulevard rodeando el rio Sena. Celebro mi decisión de salir del hotel.

Llego a la torre. Y camino hacia la base. Unos compañeros del grupo que son argentinos y más grandes, me contaron que subieron por las escaleras ya que la fila para subir por el ascensor es bastante larga. Son unos cuantos escalones pero pienso que si ellos pudieron yo que tengo unos 30 años menos tengo que poder también. Y efectivamente no hay fila para subir, compro el ticket (alrededor de 4 euros) y voila. Hacia arriba voy. Pienso que me tengo que apurar pero mejor subir despacio para no cansarme tanto. Así voy subiendo mirando los escalones pues que si miro hacia abajo me da un poco de vértigo. En los descansos de las escaleras hay unos carteles que van contando cosas sobre la torre pero solo los miro por arriba, no los leo. Quiero llegar hasta el primer piso. Y pumbate llegué. Agotada, eso sí. Recupero el aliento despacito al tiempo que voy recorriendo los lados del primer piso. Me encanta. La vista es preciosa y es como raro estar ahí pero a la vez disfruto cada momento. Les pido a unas chicas que me tomen una foto. Tomo otras fotos de los paisajes, hago un video. Me encantaría compartir lo que veo con alguien más por eso relato las sensaciones en ese instante. Después cuando intento bajar me cuesta unas cuantas vueltas más encontrar las escaleras para bajar. Vuelvo por el mismo camino y la idea es retornar al hotel. A las 7 sale el grupo hacia Montmartre. No sé por qué me cuesta encontrar la entrada al metro, creo que es porque no voy hacia los Campos Eliseos, porque allá es todo un lío. Pero busco alternativas en el mapa y camino y camino, y (creo que estoy perdida) pero me las rebusco haciendo combinaciones entre las líneas de colores. ¡Ah! También pasa que uno de los tramos está interrumpido y entonces creo que por eso no puedo tomarlo donde me gustaría o me convendría más. Y por eso camino por todas partes. Igual es hermoso perderse en una ciudad como Paris... Todo acá es hermoso.
El metro que debo tomar es de la línea azul pero hete aquí que desde Chatelet se bifurca en dos ramales. De atolondrada, cuando llega, me subo al ramal que no me conviene. Y luego de Chatelet me avivo que se va para otra parte. Entonces me bajo en la siguiente estación y vuelvo a tomar el que va para Chatelet. Le pregunto a una chica que por fortuna habla español. Y me indica cuál debo tomar. Entonces espero en la estación el metro que va para St. Denis. Son las 18.25 y le tomo una fotografía al cartel que dice que en tres minutos llega. Me subo y pienso que cuando me baje en la estación tengo que correr como loca. Sé que no me van a esperar. En Saint Denis subo las escaleras del metro corriendo y corro esas tres cuadras. Cada tanto me detengo a recuperar el aliento pero tengo que llegar a como de lugar. Son 5 para las 7 y paso por el lobby y todos mis compañeros están cambiados y perfumados esperando en los sillones. Les digo: ¡Espérenme que ya bajo! Subo por el ascensor hasta el cuarto piso. Busco ropa para cambiarme y me ducho en segundos. A los 7 minutos aprox. bajo al lobby justo a tiempo. Afuera está el bus. Valió la pena tanta corrida.