23 de enero de 2011

Desvelada y Aterrizaje forzoso

Día 3: Desvelada.

Me despierto a las 5 de la mañana. Doy vueltas y vueltas en la cama. Quiero seguir durmiendo pero no puedo. Tengo calor. Hay otros ronquidos, familiares, pero a los que no estoy acostumbrada. No puedo seguir durmiendo. Y me levanto. Busco la computadora y pienso que es el momento de escribir. Estoy escuchando a Drexler otra vez. Y escribo estas crónicas.

Brilla noctiluca… Un punto en el mar oscuro donde la luz se acurruca…

Día 4: Aterrizaje forzoso

La tarde. Intento dormir un rato. Mi cama es la de arriba de la cucheta. Tengo un banquito para subir. Apoyo el pie izquierdo y con la mano derecha me agarro del colchón para pegar el salto. Pero el banquito pierde estabilidad. Cae. Me suelta el colchón. Caigo hacia atrás. Ya no puedo sostenerme de nada. De espaldas termino en el suelo. Despatarrada. Y las risas de mis sobrinos invaden la habitación. Yo me sonrío. Cae el palo del secador de piso que estaba apoyado en la pared, y que se ve también pierde la estabilidad. Cataplum. Muchas más risas.

Sobrinos

Día 2
Desayuno en familia. Mis sobrinos me piden ¨¿jugamos tía?¨ y respondo con alegría, que sí, que a qué quieren jugar. Y vienen las cartas, los juegos de palabras, las muñecas, las cartas otra vez. Les presto un rato la computadora portátil que traje. Me compré un módem móvil que se supone tiene alcance y que me va a permitir hacer tantas cosas. Pero a la tarde lo pruebo y no hay conexión. Nada. A la noche vamos hacia el centro y el local de la compañía es de venta de aparatos, y ya de por sí la chica que me atiende me dice: no podes abrir la computadora en el mostrador, es casi como que te digan ¨no te podemos ayudar¨. Pruebo la conexión en la mesa de afuera, la que dice: exclusiva para clientes. Pero tampoco logro conectarme. Canta Drexler ¨ y la noche cae por su propio peso¨.
Mis sobrinos quieren ir a correr en cuatriciclos y en karting, y vamos todos hacia un circuito. Ella es rápida y veloz en el cuatri. Se empeña en ser primera y en no dejar pasar a nadie. Su hermano se acerca y le dice ¨tijera¨, y ella se cruza y se adelanta alcanzando ese aparente primer lugar. Él se sube a los otros cuatriciclos, los que son para nenes de su edad. Tiene 10 años y los acaba de cumplir en la playa. Pienso que no le traje el regalo. Después se sube al karting con su papá. Corren los dos en la pista. Y se divierten. Vueltas y más vueltas.
Vamos volviendo. Y camino al auto, por la calle me pasa finito un auto azul. Tan finito y tan cerca que con la mano lo toco y se le dobla el espejo. Le grito pero la conductora parece no verme o no repara en que me pudo haber dañado de verdad. Y pienso, ¿no me vio? O ¿pensó que no pasaba nada? Me tensiono y la espalda me duele. Y pienso en la computadora, en el módem y en cómo van a ser las vacaciones sin este ¨plan magistral¨ que me iba a acompañar en los espacios de no-playa. En los momentos de querer charlar con alguien y no poder. Y pienso que ¨antes no existían todas estas tecnologías¨ y que la pasaba bien. Y me empiezo a relajar, a buscar otras alternativas. Ya estoy en la playa… Estoy de vacaciones… Tengo libros de sobra. Traje un trabajo para hacer del jardín, un trabajo de ¨pensar´. Y la computadora, que a pesar de no tener internet para usar desde el departamento tiene algunos cuentos que no terminé de escribir. En el micro a la ida, mientras el señor ronca, pienso en escribir esta experiencia en el blog. Compartir el día a día, sin que resulte un diario íntimo, tratando de encontrarme en el humor y en el placer de compartir la escritura. Veremos que sale…

El viaje (Vacaciones 2011)






Día 1

Jueves en la noche. Estación de buses de Retiro. Llego con suficiente tiempo para esperar la partida del micro (bus) hacia Villa Gesell. Tiempo que transcurre de una manera tranquila, sin ansiedad de mi parte. Es que el punto de llegada no me representa ninguna preocupación como en otras oportunidades viajar a un lugar desconocido.
Villa Gesell tiene la seguridad de ser como la segunda o tercera casa. Acá veníamos con mi familia a pasar las vacaciones. Desde que era muy pequeña, desde aquellos tiempos en los que apenas hablaba y caminaba. Quizá mis primeras zambullidas hayan empezado en estas aguas. Los juegos en la arena, los castillos, los pozos que se cavan y cavan en busca de agua, o simplemente en busca de algún país remoto, en busca de algún tesoro. Sí jugué por estas playas, sí jugué por estos bosques, por estas calles.
Llega el micro y me subo. Viajo sola. Comparto el asiento con un señor alto y grande. Llega y me dice: ¨viajamos juntos¨. Me levanto y espero que acomode sus cosas. Espero bastante hasta que me siento nuevamente. El silencio me incomoda y después de un rato le pregunto hacia donde viaja. El señor me mira como sorprendido. No sé sorprendido de qué… pero me contesta: a Pinamar. Y sigue leyendo. Un rato después de leer se queda dormido. Viajamos de noche y después de un día largo espero con ansias ese momento para cerrar un rato los ojos. Relajar el cuerpo. Pero parece que no es el día de dormir. Comienzan los ronquidos. Y pienso ¿de todo el micro me tiene que tocar a mí el compañero que ronca? No escucho a nadie más. Sólo a mi compañero que parece que acaba de comprar un aserradero y tiene mucho trabajo atrasado. Rápidamente saco un mp3 y a todo volumen, lo más que puedo para tapar los ronquidos escucho algunas canciones de Drexler. Canta Jorge ¨amar la trama más que el desenlace¨ y me quedo pensando en esa frase.
Llegamos a la terminal de Villa Gesell. Son las 5 de la mañana. Llueve. Arrastro la valija hasta el único taxi que espera en la puerta. Y lo tomo. Se baja una mujer y me ayuda a subir la valija al baúl. Me pide la dirección. Es a unas diez cuadras. Nomás me siento y enciende la música a todo trapo e impide que le haga alguna pregunta. Le digo donde doblar y cuando estaciona el auto. Me dice 10 (pesos). Busco el dinero antes de bajarme y ella baja del coche y antes que encuentre los 10 pesos, ya sacó la valija y la dejó apoyada en el suelo y vuelve a sentarse. Vuelve quizá a seguir trabajando. Respiro profundo y con alegría arrastro la valija por la entrada al departamento. Un perro me ladra. Es del portero. Creo que no lo conozco. Pero ladra y no se me acerca. Y pensar que pasaron perritos por este lugar. Y me acuerdo de ¨Amiga¨, una perra de color marrón, de raza indefinida, que supo acompañar varios años de mi infancia. O quizá de un perro ¨policía¨ al que llamaban ´Chiquito¨, que en sus primeros años chumbaba y gruñía tanto que parecía que iba a comerme. Pero quién sabe qué le pasó un día para hacerse ¨más bueno¨, o para ¨ dejarse querer por estos que llegaban una vez en el año¨. Porque después cuidaba siempre nuestra puerta, después de darle un poco de comida y algunos mimos.
 
Llegar al departamento y en la puerta no me espera ningún perro guardián. Entrar en silencio para no despertar a nadie. Esta parte de las vacaciones son de ¨compartir¨. Son los últimos días de mi hermano y su familia.

30 de septiembre de 2010

Esto no es un homenaje.... (de mi encuentro con René Magritte y Anthony Browne)




Bruselas. Apenas una mañana para recorrer la ciudad. Pintoresca y a la vez moderna. Tiempo para sacar fotos en la ¨Grand Place¨... y casi de casualidad llegué al Museo de René Magritte. Poco sabía de su obra. Poco sabía desde lo racional. Pero sabía mucho más en algún registro perceptivo. En uno de los salones reconocí un cuadro de un castillo en una roca (El castillo de los Pirineos, 1959). Lo reconocí a través de la obra de Anthony Browne, ilustrador y escritor de muchos libros-álbum que he mirado y mirado.

Levanté el brazo y tuve ganas de decirle a todos ¨es del libro de willy¨. Me emocioné mucho. Y a partir de ahí recorrí el museo con otras ganas. Ya nos habían presentado hace más de diez años atrás.

Este año, en marzo, pude participar de una entrevista que le hicieron a Anthony Browne en su primera visita a la Argentina. Me interesó mucho escucharlo y cuando contó sobre Magritte y sus herederos presté más atención. Browne explicó que había querido hacerle un homenaje al pintor. En sus obras aparecen muchas reminiscencias de otros cuadros. Están ahí quietos esperando que alguien los pesque. Él dijo que no hacía guiños a los adultos, como su entrevistadora torpemente preguntó. Browne juega con las obras de los pintores que lo inspiraron, y les da otra forma lúdica, que tiene que ver con sus personajes. Él dijo si ¨haces la conexión buenísimo, pero sino también, son obras plásticas, es arte...¨. y ahí me brotaron unas ganas locas de hablarle. Con tristeza contó que los herederos de Magritte no le habían permitido hacer estos homenajes y por eso había tenido que reeditar algunos de sus libros y ¨corregir ¨ ese ¨error ¨ mal entendido. Todo fue por el copyright.

Al final de la entrevista Anthony Browne se dedicaba a firmar sus libros. Yo había llevado, por las dudas, ¨Willy, el soñador¨, uno de los primeros libros que me compré de su obra y en el que reconocí el cuadro de la roca. Cuando al fin llegó mi turno, y luego de un ensayo mental en inglés, le dije que el año anterior había estado en el museo de Magritte y que me había emocionado reconocer el cuadro del castillo que por primera vez había visto en uno de sus libros. Él me sonrió y amablemente me dijo ¨Gracias¨y luego firmó mi Willy.

21 de septiembre de 2010

El bibliotecario





Cuando Totó hacía el colegio secundario solía habitar la biblioteca Miguel Cané. Totó se describe como un ¨ratón de biblioteca¨. El secundario en el Colegio Carlos Pelligrini lo realizó el primer año como alumno regular, el segundo como alumno libre, el tercero y cuarto año regular, el quinto libre y el último año de forma regular emparejándose en edad con sus compañeros.


A Totó le gustaban las bibliotecas porque no podía tener todos los libros que quería para ampliar un tema y ahí podía investigar a su antojo.


Un día le comentó al bibliotecario que faltaba un libro de análisis matemático que fuera de lectura accesible. El bibliotecario le preguntó ¨¿por qué era importante para él ese libro?¨ Era un señor mayor y de anteojos. Solía conversar con los visitantes e interesarse por sus gustos intelectuales.


A los pocos días el bibliotecario llamó a Totó y le preguntó si ese libro nuevo que estaba apoyado en el mostrador era el que él buscaba. ¨Lo hemos comprado¨, le dijo.

Con el tiempo supo Totó que el señor de anteojos que había comprado el libro que él (papá) necesitaba no era otro que Jorge Luis Borges.

4 de julio de 2010

DE MI CANTAR ES... mi historia



Me cantó mamá muchas noches antes de dormir.

Arroró mi niño/ Arroró mi sol/ arroró pedazo de mi corazón.

Te quiere mamita/ te quiere papá/te quieren tus hermanos/ te quieren las tías/ te quieren los tíos, te quieren tus primos, te quieren..... Y así hasta que me quedaba dormida.

Me cantó Susana, mi prima. En algún cumpleaños. Ella estudiaba música (yo no lo sabía). Me cantó con la guitarra: ¨debo dejar esta tierra ya/debo partir, hacia otro lugar./Con mi alazán al galope voy/rumbo hacia al sur, hacia México./ Arrear las vacas hacia el corral/ con mi caballo, solitario, allá voy./ Voy hacia el sur donde reina el sol/allí me espera mi querido amor.¨ Ella es Directora del Coro de ¨Tres de Febrero ¨ y  del Conservatorio Manuel de Falla.
Cantarle a los chicos.
Antes de dormir. Llevarlos a ese lugar en el que yo también estuve cuando fui niña. Cantarles: ¨Ya la luna baja en camisón/a bañarse en un charquito con jabón...¨ Muchas veces me cantó María Elena Walsh.... por suerte me sigue cantando.

Cantar con amigos.

En los encuentros musicales de los viernes.... en los encuentros espontáneos de cada día.... en los ¨te recuerdo como eras en el último otoño¨ donde también hablaron mis versos, y mis viajes...

Cantar en el baño, en la cocina, en la habitación antes de dormir.

Cantarle a mis vecinos....

Ahora canto todos los sábados. Canto en grupo. Canto para mí. Y canto con los otros. Un coro formado ya con trayectoria. ¡Qué desafío! ¿Sería mi voz lo suficientemente buena para pasar? Las primeras palabras del director fueron: ¨te tomo a prueba¨. Y yo entendí... no estoy seguro de tu voz te pruebo y vemos¨... Quizás él dijo: ¨ no estoy seguro en qué registro estarás mejor.... si con las soprano, con las contralto.¨

Pasé.... pero no había pasado la prueba en cuarto grado. En el colegio (Santa Brígida) cuando se armaba el coro por primera vez y todas mis amigas quedaron. Mi mamá me consolaba diciendo que no iba a tener tiempo para jugar, porque había que ensayar mucho. Pero yo me preguntaba ¿por qué a mí no? ¿Porque no tenía una voz notable? ¿O porque la profesora no me habia escuchado cantar? Nunca lo sabré... Aunque esa herida quedó abierta por largo tiempo.... incluso antes de irme del colegio, otra profesora (suplente) intentó cicatrizarla.
Pasaron muchos pero muchos años. Por suerte nunca se me fueron las ganas de seguir cantando.
Cantar sola.

Y me viene el recuerdo de mi primer concierto.... Me río para adentro. Tendría unos 5 o 6 años. Estaba de vacaciones en Villa Gesell y con los chicos del edificio se había armado una especie de show musical. Supongo que algún grande lo había organizado. Nuestro edificio era el único de la manzana. Nos rodeaba la arboleda, la arena. En esa pequeñisima montaña que habia detrás del edificio nos ocultábamos los cantantes. El repertorio serían canciones infantiles de la época (los recordados Canta niño o quizá algún que otro hit de Parchis. Realmente no me acuerdo). Recuerdo el público sentado en butacas-silla en el playón donde se estacionaban los autos y donde las tardes de no dormir siesta jugábamos a la pelota, a la paleta, a la mancha, a las escondidas. Recuerdo también que el miedo hizo de las suyas y al final creo que no canté.
Cantar a dúo.
En la casa de Aldana, mi amiga desde los 4 años. Nos habíamos nombrado ¨Danger¨, creo que el nombre lo habíamos visto en una bolsa. Y nuestro repertorio giraba en covers de canciones de la época, como Lollypop, Lollypop.

Cantar ante un público nuevo para una muestra de canto.
Al final después de tantas vueltas y cuando la herida ya no sangraba de dolor sino de ganas... Llegué hasta las manos de Caro Spiller. ¿Y dije por qué no? Probé y me gustó. Al principio mi voz salía tímida, con poca fuerza. Pero los ejercicios, la técnica, las relajaciones antes de comenzar y el trabajo intenso de mi profe me sacaron la voz afuera. Y me gustó escucharme.

Ayer el ¨un poco de miedo¨antes de comenzar la muestra. El desafío de abrir con mi tonada del viejo amor (Falú)... y después puedo decir que lo disfruté. Después de los nervios. Claro.
Hoy mi querida Caro se fue a vivir a África y me quedé sin guía. Ya creo que elegí nueva profesora pero todavía no volví a comenzar. Otro desafío.
Ahora disfruto cantar con otros.
Cantar para mí
¿Cantamos?


10 de mayo de 2010

Tierra Barbera


 
 
Tierra negra en los dedos cuando te veo partir.
Es música amarga en tu coraza.

Tierra pelota.
Se deshace sin prisa en nuestras manos.

Tierra-morada que cuida tu quietud.
En la cocina el café con leche, las medialunas.
 
Tierra cine
Aunque fuera un largometraje
se siente como un corto.

Tierra calesita
a caballo espero atrapar el otoño.





Un pequeño homenaje a mi Tío Roberto Barbera.
(y a la mamá de un amigo)